Opinión

El “cuarto poder” es un fraude

Por Federico López Ramírez

Los políticos, la Iglesia y la prensa nos quieren domesticados, sin fe y callados. Sólo ellos quieren actuar, escoger dioses y decir su verdad. A los ciudadanos nos mandaron a callar. Los dueños del dinero están enojados, muy enojados, porque están en medio de una mar brava que les amenaza sus intereses. En el proceso electoral gringo están apareciendo más votos que personas inscritas en el padrón electoral, votantes sin estar inscritos en el padrón,  muertos votando, entre otros trucos, están emergiendo de la elección norteamericana.

A raíz de los comicios en los EE. UU., entre otras cosas, nos trajo un destape inesperado, la crisis del periodismo como industria y como profesión. Su alejamiento de los intereses sociales está desvelando a los grandes consorcios mediáticos como la gran industria de la mentira y los muestra muy alejados para ejercer el “cuarto poder”, en cuanto a defensor de los intereses sociales. Hoy está convertido en un sistema donde prima la obtención de beneficios por encima del cumplimiento del bien social.

El término “cuarto poder” fue popularizó por el escritor y filósofo escocés, Thomas Carlyle, quien a mediados del siglo XIX citó aquella expresión del político y escritor británico Edmund Burke, quien la pronunciaría en el debate de apertura de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 1787.

“Cuarto poder”, para nosotros, tiene que ver con los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y la prensa, como el poder contrapeso de la sociedad, defensora de los intereses sociales, aunque Burke se refería a los otros tres poderes del parlamento que eran los Lores Espirituales, quienes representan a la Iglesia; los Lores Temporales, que edifican a la nobleza y los Comunes que son los políticos, entonces lo que hizo fue añadir la influencia de la prensa sobre todos los demás.

Los medios ya no son más expresión de la gente: son la expresión de los consorcios económicos. Las elecciones norteamericanas los pusieron al descubierto con todo su cinismo, crueldad y bajeza.

En México quienes, hace unos meses, suscribieron un desplegado que fue conocido popularmente como el manifiesto de los 650 abajofirmantes pidiendo libertad de expresión hoy celebran que las cadenas norteamericanas censuren al poder Ejecutivo americano. Se erigen como los jueces que autorizan lo verdadero y lo falso, los grandes censores. Son “demócratas y tutores” de la sociedad a la que le niegan la mayoría de edad política y les niegan su capacidad para discernir entre lo verdadero y lo falso.

¿Qué otra cosa está desvelando el proceso electoral en la tierra del tío Sam?

Algunas respuestas rápidas:

Uno.- Que la gente común –en EE. UU.- no tiene un partido por el cual votar porque  desde hace mucho tiempo y, particularmente, desde hace treinta años, que inicia la descomposición del neoliberalismo, el bipartidismo dejó de expresar las inquietudes del pueblo norteamericano. No se sientes representados por ninguno de los dos partidos.

Dos.- Los dueños del dinero, dígase nacionalistas o globalistas, juegan en las elecciones con dos partidos el republicano (nacionalistas) y el demócrata (globalistas o capital financiero). Puede ganar o perder uno de los dos partido pero ellos siguen muy campantes en el poder, el triunfo o derrota de cualquiera sólo matiza las condiciones y cuál de las dos facciones toma el poder político temporalmente.

Tres.- Donal Trump fue una disrupción de los nacionalistas, con base en la defensa férrea del capitalismo manufacturero y de los commodities e impuso la visión de un capitalismo que se siente amenazado por el capital financiero.

Cuatro.- Las elecciones van bien, mientras los ciudadanos las dejen en manos de los políticos, pero cuando deciden votar a favor de sus intereses; entonces, los políticos optan por obstaculizar su participación. Luego entonces, surge el fraude electoral y la judicialización de la política. Hay incapacidad de resolver sus contradicciones porque el capital financiero quiere seguir socializando las perdidas y privatizando las ganancias. Estamos ya en la disputa de quiénes serán los que paguen los costos de la pandemia del Covid-19. Los demócratas quieren socializar las pérdidas, no hay duda, y los ciudadanos no están dispuestos a seguir con este círculo vicioso impuesto por el capital financiero. La última palabra la tiene los ciudadanos si permiten este nuevo abuso en ciernes.

Cinco.- Los ciudadanos están más atentos a los procesos políticos y se niegan a ser usados como simples comparsas. Los medios, como constructores de la narrativa de la legitimidad, hacen del fraude electoral su mejor instrumento para imponer su proyecto. Trump se ve más demócrata y Biden más republicano porque se cruzan en los entre telones de la farsa. En el fondo está el fantasma de unas elecciones que nunca fueron limpias sino una farsa administrada. El fraude es el fin de los acuerdos de las cúpulas  porque los pobres se están negando a seguir siendo marginados.

Seis.- La prensa es una excelente colaboradora y promotora del fraude. Mandando a callar a los actores políticos que se insubordinan, o mejor dicho, que no aceptan las reglas no escritas. Yo no veo a Amnistía Internacional o a Artículo 19 protestar porque los medios y la prensa quieren callar  a los actores. El silencio las unifica a estas organizaciones “independientes” porque forman parte del sistema corrupto que imponen a los dueños del dinero.

Siete.- Lo verdaderamente preocupante es que las empresas como Facebook y Twitter estén censurando a los ciudadanos. Esta señal, es una muy mala señal, para el futuro de todos los países del mundo pues no es están lanzando el telegrama de que en el futuro, cuando surja una opción, desde debajo, de los menos favorecidos, estas empresas acallarán las voces y la sociedad no tendrá instrumentos para expresarse y organizarse contra el poder abusivo de los dueños del dinero. Ese es el gran riesgo de lo que ocurre en Estados Unidos. Es un ensayo de lo que puede ocurren en el futuro. Los grandes capitales no duermen. Van sobre el control de las redes sociales para imponer su modelo económico pauperizante y cruel.

Ya lo había adelantado Malcom X cuando dijo: “Cuídate de los medios de comunicación porque vas a terminar odiando al oprimido y amando al opresor.”



Media Lab

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