Crónica Urbana

Viernes de Cuento: Llamada Perdida

Por Osvaldo Mendoza

A veces, cuando viajo a Guadalajara, pienso mucho en ti. Los cerros y las barrancas me van recordando tu nombre. En sus formas veloces se dibujan poco a poco aquellos días de ayer. Lo recuerdo todo: Colimilla bien pequeño, más pequeño que hoy, que siempre; pequeño era este infiernito que nunca cambiará. Tu partida me dejó para siempre marcado. Ya no he vuelto a sonreír como antes, a despedirme de la gente como solía hacerlo hace muchos años. Tu recuerdo es un rostro que se dibuja en el abismo de Beltrán, en la Barranca del Muerto y en el Puente Ágatas, donde quise una vez levantarte una cruz. Duré mucho sin querer pasar por ahí, pero siempre llega la hora de dejar ir los tormentos, de soltarte y rehacer la vida que hemos venido a vivir.

……

—Doctor Apolinar, cuando tenga un momento venga a mi oficina por favor. Deseo consultar con usted algunas cosas.

(15 minutos después)

—Pues sí, Dr. Malta, fíjese que si recuerdo aquella autopsia. Ya tiene mucho tiempo, pero le aseguro que los cuatro cuerpos presentaban en el mismo estado de descomposición. No creo que ninguno sobreviviera a las lesiones que la autopsia reveló. Lo que usted plantea, o lo que le dijeron, me parece falso.

—Lo sé, doctor Apolinar. Pero yo mismo vi esos mensajes, los leí desde celular de un buen amigo de los fallecidos. Siempre me intrigó saber eso.

—Quizás se mandaron antes.

—Tenían fecha del martes por la tarde. Por eso me ha intrigado el asunto.

—¿El celular tenía carga cuando rescataron los cuerpos?

—Ese dato lo desconozco. Quizás venga en el informe que se levantó es día. Aunque no sé si todavía esté en físico, dentro de los archivos correspondientes de la ahora Fiscalía.

—Echaré un vistazo. Le agradezco mucho, doctor apolinar.

….

Dos mujeres se besan en el asiento trasero de un auto que viaja a gran velocidad. La noche cubre todo. El silencio de la oscuridad escucha a los besos recorrer la piel joven como un zumbido estridente. El habitáculo es un sensor rojo, que parpadea con las luces de los autos que viajan en sentido opuesto. Los vidrios miden las temperaturas y los ánimos. El pudor es libre de ser y existir. Las cosas que suelta del amor habitan. La fauna del romance está desatada por el peso muerto de la luna. Es una noche calurosa.

—¿Y bien?

— El informe dice que los cadáveres estaban fracturados en diversas partes del cuerpo. Nadie sobrevivió a la caída.

— Como lo supuse. Son 45 metros, era imposible.

— Pero, Apolinar. El informe también señala que hubo una llamada perdida. El miércoles a las 13:25hrs, emitido desde el celular de una de las víctimas. Eso es más de un día después del impacto.

— Podría explicarse.

— ¿Aparece el número?

……

Se nublan tus ojos. El peso de la noche cae sobre tus facciones, sobre tu historia. Vas descendiendo como un pájaro herido, planeando como avión sin combustible. La carretera te hace señas, gestos. Tus ojos están cansados, molidos de tanto sonreír. Comienzan a vibrar los átomos de tu esqueleto. Estás a punto de irte. El auto golpea el muro de contención y sale disparado hacia el vacío. Se miran las estrellas en lo alto. Ustedes caerán hasta el fondo de su destino. Se han salido los gritos de los cuerpos, la caja torácica contiene los latidos acelerados. La misión de regresar falló. Fallaron los controles, los reflejos, los indicadores de esperanza. Se han ido los buenos momentos, los recuerdos, las sonrisas de todos los amigos. No te despediste de nadie. Nadie sabe que vuelas por el aire, que tu tiempo se hace eterno, que la vida sale de los corazones. La hora de la hora de tu muerte amén llegó de noche. El auto impacta primeramente el flanco del barranco, destruyendo los cráneos y los huesos. Sigue el auto bajando, moliéndose contra el risco, desbaratando todo lo que ha sido de sus vidas. El beso eterno de las mujeres se ha extinguido. El automóvil grita agónico con su crujiente ruido de metal. Sus cuerpos son raíces de un árbol caído que nadie escuchó morir. Da un duro golpe en el fondo, se escucha el eco y es todo lo que se sabrá de su existir.

……

—Doctor Malta. ¿Por qué no marca el número que viene en el informe, me refiero al receptor de esa llamada?

— Ya ha de ser otra persona el propietario de dicha línea. Han pasado muchos años.

—Nada pierde.
(Marcación telefónica)

—¿Hola?… ¿Eres tú Enrique?

(Cuelgan)
…..

La vida sigue su curso. El sol sale cada día. La luna cambia sus formas, moviendo sucesos místicos en la tierra. Las aves cantan. Las moscas depositan huevecillos en los cadáveres, y de ellos surge la vida nuevamente. Devoran lo de adentro y después salen a tragar la piel que habitamos alguna vez. Las plántulas germinan en la mugre de las uñas, en los charcos viscosos de materia gris y negruzca. Todos beben de ese regalo. La vida siempre seguirá su camino. Los recuerdos permanecen, quedan adheridos a nuestra conciencia, van trepados a nuestro día a día sin que nos demos cuenta. La sombra cubrió aquellos restos, aquellos jóvenes que murieron serán recordados por siempre. Entre los ecos del risco quedó aquel beso de amor enredado con la muerte. Después de seis días, rescataron del barranco los párrafos de esta historia que nunca terminará de escribirse.

……

A veces, cuando viajo a Guadalajara, pienso mucho en ti. Los cerros y las barrancas me van recordando tu nombre. En sus formas veloces se dibujan poco a poco aquello que fue de ti…

A la memoria de los fallecidos, en homenaje a sus vidas.

A la posteridad.

Osvaldo Mendoza ✍🌹

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