Crónica Urbana

Viernes de Cuento: El tesoro del Indio Alonso

Por: Osvaldo Mendoza

Allá por el año de 1978, una robusta máquina de trascabo se la veía difícil para ir ampliando las brechas que suben hasta Campo 4. Devoraba las paredes del cerro con su colosal pala de hierro al igual que la mordida de un monstruo. Era verdad lo que se decía de esa zona: en algún momento de la historia, por ahí subía y bajaba un tren. La máquina llegó a desenterrar trozos de las viejas vías y objetos oxidados que delataban todos aquellos rumores. El maquinista retiró una gran roca que rodó por un lado del voladero y descubrió algo que lo hizo detener su poderosa bestia de metal. Los otros obreros que abajo almorzaban, se sorprendieron por el silencio del artefacto; subieron entonces a ver si había pasado algo malo, pero solo encontraron la máquina abandonada y del maquinista, nunca se supo nada. Cuando se arrimaron a ver lo que la máquina removió del paredón, se percataron que, dentro de un nicho o especie de cueva pequeña, había unos costales de ixtle viejísimos, podridos por el tiempo y algunas cajas de madera roídas y destrozadas. Después de ese suceso, se contaba que aquel maquinista se encontró con el famoso tesoro del indio Alonso. Desde aquellos días, la gente ha contado en Colima todas las historias que rondan a ese personaje.

Lo cierto es que fue un bandido y asesino. Vicente Alonso Teodoro, nació en Zacualpan en 1882 y azotó a la región de Colima entre 1909 y 1917. Acabaron sus días de hostilidades cuando una mujer le cortó la cabeza a machetazos. Ramona, se llamaba la mujer que cobró los $50 pesos de la recompensa, que en aquellos años era mucho dinero.

Se estima que el indio Alonso robó más de $6,300°° pesos en diversos atracos. Asaltó a la “Lumber Company”, una empresa maderera que se dividía en Campos:

CAMPO 1: Zona Maderera de Rancho de Villa.

CAMPO 2: Zona Maderera de Santa Juana (Actual Parque Hidalgo y alrededores)

CAMPO 3: Zona Maderera de Buena Vista, Cuauhtémoc.

Campo 4: Zona Maderera de la Sierra de Zacualpan y alrededores.

Robando en un solo asalto, un botín de $1,800°° pesos de aquellos años.

El indio Alonso vivió en una época donde el oro y el dinero amonedado no podía ser cambiado con facilidad. No podías comprar una gallina o comida en una fonda con una moneda de oro, porque tendrían que darte muchísimo cambio en efectivo; por esa razón, la gente de antes guardaba las monedas de oro para comprar terrenos, caballos, ganado y cosas de gran valor donde era más viable usarlas.

Ese fue el detalle del Indio Alonso, que no se arrimaba a canjear sus botines a los bancos ni se hacía de terrenos o ganado para no delatarse con las autoridades, que lo perseguían por todos lados. Se cuentan muchas cosas del Indio: que daba a los pobres, que regalaba sus botines. Nunca se ha encontrado algún testimonio de esa época donde se afirmen tales cosas; por el contrario, se trataba de un hombre odiado por la gente, misma que exigió al gobernador, Juan José Ríos, ponerle un buen precio a su cabeza. Lo que sí se sabe, por estimaciones y datos históricos es que: el Indio se quedó mucho oro antes de que fuera asesinado. Seguramente lo escondió en alguna zona cerca a la Piedra de Juluapan, donde era su escondite.

Las malas lenguas afirman que el indio era un Nahual, una especie de brujo o hechicero que tenía la habilidad de transformarse en distintos animales para cometer sus fechorías. La gente cuenta que, en la soledad de aquellos caminos, aún se oyen los alaridos de las muchachas violadas por él, las que robaba de los ranchos para matarlas en los potreros. Hoy en Colima es un personaje popular, pues mucha gente que lo menciona, dice que fue como el “Robin Hood de Colima” aunque los textos y testimonios de aquellos años dicen lo contrario. Quizás es ese sentimiento mexicano que siempre vitorea a los bandidos, a los que rompen la ley y se forjan un destino distinto, ajeno al que viven los oprimidos y esclavos de un sistema explotador, o quizás es para contar una historia mejor al terror vivido en un tiempo ya muerto como la suerte de aquel bandido.

Una máquina quedó sin maquinista, solo se supo que años después, los familiares de él se fueron a vivir a otro lugar.

Osvaldo Mendoza 🌹✍🏼

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