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Democracia de unos cuantos

Mtro. Abel Palomera Meza

En esta elección 2021 el estado de Colima experimentó un escenario de fragmentación partidista y elevada competencia electoral. Esto significa que hubo muchos partidos u opciones políticas disponibles para los votantes, así como que varias de éstas -más de dos- obtuvieron capacidad real de triunfo. Con ello, se descartan los tiempos arcaicos de partido hegemónico (PRI) y de bipartidismo (PRI y PAN) en los que, por la alta rentabilidad que tenían esos partidos y por su destreza para concentrar los votos, nulificaban de origen la aspiración de otros participantes.

Si bien se trata de una mejora a nuestro sistema electoral y de partidos, pues combate la perniciosa concentración del poder, ha traído consigo un efecto colateral no pretendido, como lo es llegar al poder por el voto de apenas unos cuantos. Y es que a la baja participación ciudadana -que en este 2021 fue de 50.6% para el caso de la Gubernatura- se agrega la dispersión del voto, es decir, los votos emitidos se distribuyen casi en partes iguales entre 3 o 4 partidos o fuerzas políticas. Esto lleva a que el candidato ganador sea electo por una porción muy pequeña de electores, tan pequeña que podría considerarse una minoría.

Pongamos como ejemplo el caso de la Gubernatura. Primero analicemos la baja participación ciudadana. Con datos del PREP del Instituto Electoral del Estado de Colima, de un total de 534,957 electores que hubo en la entidad al momento de la elección, acudieron a emitir su voto el 50.6%. Para ponerlo en términos muy claros, de cada 10 personas con capacidad de voto, sufragaron apenas 5. Ahora revisemos el efecto de la dispersión del voto. De esos 5 que sí votaron, el 32.9% lo hizo a favor de Indira Vizcaíno, el 27.5% por Mely Romero, el 19.1% favoreció a Leoncio Morán y el 13% prefirió a Virgilio Mendoza.

Esto significa que Indira Vizcaíno requirió un tercio de los votos emitidos para ganar. Sin embargo, no es un tercio respecto del total de electores, sino sólo de la mitad de ellos. Entonces, ¿qué porcentaje respecto del total de electores verdaderamente votó por Indira Vizcaíno y la llevó al Gobierno del Estado? La realidad es que apenas el 17.5% de todos los colimenses con capacidad y posibilidad para votar, son los que eligieron a la Gobernadora que estará por los próximos seis años. Pongámoslo nuevamente en términos claros. De cada 10 colimenses que pudieron votar, sólo 2 lo hicieron a favor de Indira Vizcaíno, y eso fue suficiente para ganar.

¿Qué pasa en los municipios? Tomemos cuatro casos, los de Tecomán, Colima, Villa de Álvarez y Manzanillo. En el primero la participación ciudadana, de acuerdo al PREP del IEE fue de 41.9%, respecto del cual el 33.1% votó por Elías Lozano, el 21.9% prefirió a Sergio Anguiano, el 10.3% sufragó a favor de Roberto Verduzco, otro 10% por Yolanda Llamas y el 9.3% favoreció a Rafael Ortega. Así, en Tecomán, Elías Lozano será Presidente Municipal por tres años más, gracias al voto de apenas el 15% de los tecomenses acreditados por el INE para votar en este 2021. Es decir, de cada 20 tecomenses que pudieron votar, bastó que 3 le dieran su voto a Elías Lozano para que este repitiera en la alcaldía.

En la capital del estado se registró una participación ciudadana del 51.4% y el voto se dispersó principalmente en 4 opciones: Margarita Moreno con el 28.2%, Gisela Méndez con el 24.9%, Federico Rangel con el 21.3% y José Manuel Romero con el 15.2%. ¿Qué porcentaje del total de electores capitalinos entonces requirió Margarita Moreno para ser la próxima Presidenta Municipal? Similar a Tecomán, fue el 15.4% de los capitalinos habilitados para votar, los que le dieron el gane a la próxima Presidenta Municipal por Colima.

Ahora bien, en Villa de Álvarez, con una participación ciudadana del 50% y una dispersión del voto en Esther Gutiérrez con 20.8%, Guillermo Toscano con 20.7%, Perla Vázquez con 20.4% y Karina Heredia con 17.8%, fue suficiente que apenas el 11% de los villalvarenses con credencial de elector inscritos en la lista nominal votaran por Esther (Tey) Gutiérrez, para que fuera ella quien se alzara con el triunfo.

El último caso en análisis, que es Manzanillo, experimentó una participación ciudadana de 46.3% y el voto de los manzanillenses se dispersó en tres opciones principales: Griselda Martínez que concentró el 33.2%, Jorge Luis Preciado que se quedó con el 23.7% e Irene Herrera que acumuló el 23.5%. Con estos datos, Griselda Martínez obtuvo el triunfo como Presidenta Municipal, con apenas el 16.8% del voto de los manzanillenses habilitados por el INE para votar en esta elección 2021.

Estamos, sin duda, frente a un fenómeno electoral y político que evoca problemas de representación popular. Porque los candidatos electos en este 2021 van a convertirse en gobernantes, no por el voto de una gran mayoría de los ciudadanos, sino, por el contrario, por el voto de pocos, quizá muy pocos, que podrían ser, incluso, una minoría. Hagamos un recuento, para ganar la Gubernatura se ocupó apenas el 17.5% de los ciudadanos, para la alcaldía de Tecomán el 15%, en Colima capital el 15.4%, en Villa de Álvarez -el más bajo- el 11% y en Manzanillo el 16.8%. ¿Sigue siendo esto una democracia? Por supuesto que sí, pero una democracia de unos cuantos.

Cuando estos gobernantes entren a sus distintas posiciones, deberán saber que no lo hacen gracias al voto de la gran mayoría. Por el contrario. Pongamos como ejemplo a Tecomán. En este municipio, al haber sido favorecido el triunfador, Elías Lozano, con apenas el 15% del total de electores, significa que el restante 85% de los tecomenses con capacidad legal para votar y posibilidad de hacerlo, sufragó a favor de otra opción o simplemente no votó. Bajo este entendido y para ponerlo en términos claros, en Tecomán de cada 20 personas, 17 no votaron por su actual y próximo Presidente Municipal.

 

 

 



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