El Oscuro Páramo | + Salario, + trabajo y – pobreza: cuando los datos desmienten el miedo
Durante años, en México se repitió una mentira que nadie se atrevía a discutir: subir el salario mínimo destruiría empleos, hundiría a la economía y desalentaría la inversión. Era una afirmación que se repetía como un dogma pero que terminó en un mito más de la larga noche neoliberal. Lo que se constituyó como una advertencia permanente, un espantajo útil para justificar la inmovilidad social, terminó siendo un monstruo de papel.
Hoy, los datos cuentan otra historia. Entre 2019 y 2025, México ha vivido el mayor incremento al salario mínimo en al menos seis décadas. El ingreso mínimo diario pasó de 102.68 pesos en 2019 a 278.80 pesos en 2025, de acuerdo con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI).
En términos reales —descontando la inflación— el aumento acumulado ronda 85 por ciento. El incremento más alto entre los países de la OCDE en el periodo 2019–2024 (OCDE, Employment Outlook 2024).
Esto no es un dato menor: es una ruptura con la política salarial que, desde los años ochenta, en la mañana neoliberal mexicana, había condenado a la clase trabajadora a la pobreza.
Y a pesar de que los medios aliados del capital, empresarios y cámaras que los aglutinan, auguraban un desastre para México con las políticas de la 4T, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario a lo que anunciaban estos profetas del desastre.
El desempleo en México no se disparó. Se mantuvo bajo. Muy bajo. Entre 2.5 y 3 % durante la mayor parte del periodo 2022–2025, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI y registros de la OCDE. En 2025, México se ubicó entre los países con menor tasa de desempleo de la organización. En términos estrictos, México no es un país sin trabajo; es un país donde la gente tiene en dónde trabajar.
Y aquí viene uno de los retos para los Gobiernos de la 4T. Pues si algo revelan con crudeza los datos es que ahora el problema del mercado laboral mexicano no es la falta de empleo, sino su calidad.
Más de 54% de la población ocupada continúa trabajando en condiciones de informalidad, sin seguridad social ni prestaciones, según la ENOE (INEGI, 2024–2025). La informalidad no colapsó con el aumento salarial, pero tampoco se redujo de manera estructural. Aquí yace la gran grieta del sistema y la mayor áerea de oportunidad para los gobiernos de izquierda en el país.
A pesar de la informalidad persistente, la pobreza sí se redujo. Y de forma significativa. Tras el deterioro provocado por la pandemia, la pobreza multidimensional pasó de 36.3 % en 2022 a 29.6 % en 2024, lo que equivale a más de ocho millones de personas que dejaron de ser pobres, de acuerdo con el CONEVAL. La pobreza extrema también retrocedió, al pasar de 7.1 % a 5.3 % en el mismo periodo.
En paralelo, la pobreza laboral —que mide si el ingreso del trabajo alcanza para adquirir la canasta básica— alcanzó mínimos históricos en 2024 y se ha mantenido en niveles bajos durante 2025, con variaciones trimestrales, según el CONEVAL y estimaciones con base en datos del INEGI.
¿Pero cómo es posible que haya menos pobreza con un alto de informalidad relevante? La respuesta está en un cambio que durante décadas fue negado: el salario sí importa. Importa incluso en contextos informales. Importa cuando eleva el piso de los ingresos familiares. Importa cuando deja de ser una variable de ajuste y se convierte en una herramienta de política social.
El aumento al salario mínimo no formalizó por sí mismo la economía, pero sí elevó ingresos reales en la base de la pirámide. Y eso, en un país como México, tiene efectos directos sobre la pobreza (OCDE; CONEVAL). Éste es uno de los quiebres silenciosos de la Cuarta Transformación, de los Gobiernos de Andrés Manuel y de Claudia Sheinbaum.
No se trata de un nuevo “milagro económico” ni de una solución ya acabada. Es algo más sencillo y, por ello, más profundo: ambos rompieron con el consenso que sostenía que el salario debía mantenerse bajo para que la economía de México funcionara.
Los datos no dicen que todo esté resuelto. Es cierto. La informalidad sigue siendo el gran desafío pendiente. La cobertura de seguridad social continúa en un camino sinuoso. Millones de personas ya no son pobres, pero siguen siendo vulnerables, especialmente por carencias en acceso a salud y seguridad social, como lo reconoce el propio CONEVAL.
Pero hay algo que los números ya no permiten negar: subir el salario mínimo no destruyó el empleo, no disparó la inflación y no hundió a México en el caos. No nos convertimos en Venezuela ni somos Cuba, como le convenía decir a la derecha.






