El Oscuro Páramo: Pobreza, salarios y adiós a la narrativa del miedo capitalista
México y Colima viven un momento inédito: la pobreza se redujo de manera sostenida hasta llegar a un nivel de mayor dignidad en la historia reciente. Contra todos los pronósticos de los corifeos neoliberales y los agoreros del prianismo, el país no se hundió tras la pandemia; al contrario, 13.4 millones de personas dejaron atrás condiciones de carencia y vulnerabilidad.
En Colima, la evidencia es clara: la pobreza multidimensional pasó de 30.4% del total de la población en 2018 a 15% en 2024. La pobreza extrema también se desplomó: de casi 14 mil personas en 2018 a 6,900 el año pasado de acuerdo al Estudio de Pobreza Multidimensional presentado por INEGI la semana pasada.
El dato es relevante pues significa que la mitad de los colimenses que se encontraban en situación de pobreza salieron de ella.
Además, la población no pobre y no vulnerable creció de 223 mil personas en 2018 a más de 322 mil en 2024.
Cuáles fueron las claves. Es una pregunta que las y los incrédulos se siguen haciendo. La respuesta es contundente. Los resultados no llegaron por azar ni por milagro. Responden a un conjunto de decisiones políticas deliberadas que surgieron del espirítu y de la visión de Andrés Manuel López Obrador:
- Aumento al Salario mínimo: entre 2018 y 2024, el salario mínimo en México creció más de 110% en términos reales. En Colima, eso significó que el porcentaje de trabajadores con ingresos por debajo de la línea de pobreza cayera de 36.6% a 19.4%.
- Programas sociales universales: las transferencias directas de la 4T (Pensión de Adultos Mayores, Becas Benito Juárez, Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida y ColiBecas, la aportación de la Gobernadora Indira Vizcaíno a estos Programas de Bienestar) crearon un piso de seguridad económica que protegió a las familias de los vaivenes del mercado.
- Recuperación laboral y estabilidad macroeconómica: la inflación se contuvo frente a economías emergentes comparables, el peso resistió los embates de la pandemia, de la Guerra en Ucrania, mientras fue tomando decisiones internas que impulsafron la infraestructura, la soberanía energética y la intervención en el Mercado local permitieron solidificar los logros del humanismo mexicano.
Durante décadas, se nos repitió en los medios hegemónicos que aumentar salarios causaría inflación y desempleo.
Ese dogma neoliberal justificó mantener a los trabajadores en condiciones de miseria. Pero la experiencia reciente lo desmiente: salarios dignos no destruyeron empleo ni dispararon precios; redujeron la pobreza.
Aquí cabe recordar a Joseph Stiglitz cuando sostuvo que “las políticas que reducen los salarios en nombre de la competitividad en realidad erosionan el mercado interno y perpetúan el estancamiento.”
Lo que vemos en Colima y en México es la confirmación de estas lecciones económicas con mejores ingresos, creció el comercio local, se dinamizaron los servicios y se fortaleció el consumo interno.
Ya lo decía Adam Smith, padre de la economía política: “el salario de los trabajadores es la primera y más sagrada de las deudas que una sociedad debe pagar.” Una voz que parecía resonar en cada mañanera yu en cada decisión que fue tomando a lo largo de su sexenio López Obrador quien entendió y nos legó un nuevo dogma de su economía moral: el salario no es un costo a reducir, sino el motor del bienestar y de la cohesión social.
Y Karl Marx lo anticipaba en El Capital cuando escribió que “el salario no es el valor del trabajo, sino el precio de la fuerza de trabajo, y como tal, la medida de la explotación.” Una explotación que se perpetuó durante décadas de gobiernos neoliberales en México.
Así, la política salarial de la 4T, sin ser totalmente anticapitalista, rompió con décadas de sometimiento salarial y convirtió al trabajador en un sujeto de derechos y bienestar, antes que en un recurso meramente explotable.
El caso de Colima y de México demuestra que la pobreza no es un destino inmutable, sino un producto de decisiones políticas.
La ortodoxia neoliberal falló; la experiencia mexicana muestra que salarios dignos + programas sociales + estabilidad macroeconómica son una fórmula para mejorar la vida de la mayoría.
La 4T ha dado un primer paso de 6 años en esa dirección. La pregunta es si tendremos la fuerza política y social para sostener y profundizar hacia este rumbo… y patear de una vez los viejos fantasmas del otoño patriarcal.







