El Oscuro Páramo | Colima: del desorden al equilibrio financiero
Parece que fue hace mucho que hablar de las finanzas públicas de Colima era entrar a un territorio en ruinas. Las cifras que dejó el priísmo —particularmente en la era de Nacho Peralta— eran el espejo de un modelo agotado: deuda sobre deuda, créditos de corto plazo para obtener liquidez, gasto corriente fuera de control y una estructura estatal sometida al pago de pasivos más que al impulso del desarrollo.
La crisis financiera provocada por el PRI colimote no fue un accidente: fue la factura de un sistema político que confundió el endeudamiento con el progreso, el maquillaje presupuestal con el manejo responsable de los recursos públicos y el derroche con el moche.
Por fortuna para Colima hoy, los cuentas estatales narran otra historia. El Paquete Económico 2026 presentado por el Gobierno de la 4T en la entidad marca un punto de inflexión: no habrá deuda nueva. Ni de corto plazo, ni de largo plazo.
La proyección de ingresos cubre el total de los egresos previstos. Dicho de otro modo: el Estado vive dentro de sus posibilidades. Y eso no es poca cosa.
Después de años de quiebra moral y técnica en la administración pública, el equilibrio financiero vuelve a ser un valor político. Acompañado de elementos que caracterizan a los gobiernos humanistas: no habrá Gobierno rico, ni fiesta, ni irresponsabilidad, ni corrupción.
La deuda pública —esa losa que durante 12 años asfixió a Colima— se reduce en 33%, lo que significa 306 millones de pesos menos destinados a pagar el derroche del pasado.
En total, el gobierno estatal asigna 456 millones de pesos al servicio de la deuda, 40% menos que el año anterior. Esto, en términos prácticos, equivale a liberar recursos para lo que sí importa: la gente, la seguridad, la educación.
Habrá que anotar este mérito a la Gobernadora Indira Vizcaíno y su visión. Visión, por cierto, compartida por quienes le han acompañado en lo administrativo y financiero durante estos 4 años. El acento de este logro está en que el equilibrio financiero no llegó recortando donde duele, sino reorganizando con sentido.
Aunque el presupuesto general disminuye 3.3% respecto a 2025, sectores estratégicos crecen: Educación (+3%), Seguridad Pública (+7.6%), Programas Sociales (+6.9%) y subsidios al campo con incrementos que alcanzan hasta 400%. Se gasta menos en deuda, pero se gasta mejor en desarrollo. Se sustituye la austeridad punitiva por una eficiencia con sentido humano.
Los municipios también respirarán con mayor potencia: recibirán 3 mil 624 millones de pesos, un 8.7% más que el año anterior. Los incrementos mayores van hacia Minatitlán (+15.5%), Armería (+14.4%) y Comala (+12.5%). La redistribución territorial del presupuesto deja ver una lógica distinta: llevar recursos a las zonas donde históricamente no llegaban.
En salud, la transición hacia el IMSS-Bienestar redefine la estructura del gasto: el Estado conserva la rectoría, pero transfiere la operación al Gobierno de México, con lo cual el presupuesto estatal se ajusta. Es un cambio de modelo hacia un sistema federal integrado que busca garantizar atención universal. Colima entra así a una nueva etapa que ya se empieza a sentir desde el cambio de la responsable estatal del sistema de Salud-IMSS Bienestar. Para 2026, de la mano de la 4T, el Estado de Colima parece cerrar un ciclo de desorden, deuda y simulación dando paso a la tercera y última parte del Gobierno de Indira Vizcaíno.
El equilibrio financiero es un logro mayor. Una obra que transforma pero no se ve. Uno de esos cambios que no le gusta a los gobernantes de oropel pero que habla de la estatura de la Gobernadora que ha logrado estabilizar lo que recibió colapsado, y que lo ha hecho sin sacrificar los compromisos sociales que definen a su movimiento: educación, salud, bienestar y atención a las causas.
Durante años, el discurso del PRI fue que no se podía gobernar sin deuda. Hoy, la realidad los desmiente.






