¿Cuál es el sexenio con más alcaldes asesinados en México (2000–2024)?
Investigación de @dimedonsalvaje
Mientras unos gobiernos optaron por enfrentar la violencia con más balas, otros comenzaron a entender que la paz sólo se construye atendiendo sus causas: la desigualdad, la pobreza, el abandono institucional y la impunidad. Los datos sobre los alcaldes asesinados en los últimos cuatro sexenios son el retrato más crudo de esa diferencia: cada cifra encarna el dolor de territorios sin justicia.
Un análisis elaborado por 7am Noticias con base en datos periodísticos de Etellekt Consultores, El Economista, Reforma, Infobae y Alcaldes de México, muestra cómo la violencia contra presidentes municipales, ex presidentes municipales y alcaldes electos se ha convertido en un indicador constante de la fragilidad del Estado mexicano en el territorio.

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La violencia política municipal comenzó a escalar significativamente con Felipe Calderón, en paralelo con la militarización de la seguridad pública y la llamada “guerra contra el narcotráfico”. Esta guerra comenzó en Michoacán en diciembre de 2006. 19 años después, con el homicidio del alcalde de uruapan, Carlos Manzo, sigue vigente la agudización de la crisis que comenzó con el ex presidente panista. El propio Manzo habría declarado “inútil” aquella estrategia.
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, la cifra alcanzó su pico histórico: 39 alcaldes asesinados en funciones y hasta 85 si se suman exalcaldes y electos. Fue un periodo donde el control territorial del crimen organizado se amplió y los municipios quedaron expuestos entre la delincuencia y el abandono institucional.
En el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, las cifras de alcaldes en funciones bajaron igual que el total de víctimas municipales. Sin embargo, el fenómeno no desapareció mostrando que la disputa local por el territorio y el poder por parte del narcotráfico sigue siendo una de las expresiones más persistentes de la violencia generada por la delincuencia organizada.
Con la Presidenta Claudia Sheinbaum, en sus primeros ocho meses se ha registrado el asesinato de un alcalde o ex alcalde por mes, lo que indica que la violencia homicida contra actores políticos persiste.
El costo de gobernar desde el municipio en Colima
Más allá de los números, la violencia contra presidentes municipales exhibe una crisis de seguridad y gobernabilidad local. La mayoría de las víctimas encabezaban ayuntamientos rurales con escasos recursos, sin policías propias o con corporaciones desarmadas, donde los cárteles o grupos locales de poder operan sin contrapesos. En el caso de Colima, por ejemplo, han sido asesinados Crispin Gutiérrez (PRI) en Ixtlahuacán, Héctor Bautista Vázquez (PRI) en Minatitlán y, recientemente, Gabriela Mejía Martínez (PRI) en Cuauhtémoc.
El municipio es hoy el eslabón más frágil del Estado mexicano y, paradójicamente, la primera línea de la democracia, de la búsqueda de la justicia y de la paz territorial.
Y aunque la guerra contra el narco pareció apagarse, las heridas siguen abiertas y las brasas encendidas en los municipios donde la violencia territorial y política se volvió la única forma de ejercer el poder.





