El Oscuro Páramo | Cuando la sombra ya no basta: 4T y la aurora de la rendición de cuentas
La corrupción ha sido por mucho tiempo el huésped indeseado en cualquier sistema político. Sin embargo, y a pesar de discursos, siempre se sentó cómodamente en la mesa del poder. En México algo está cambiando, bajo el mandato de Claudia Sheinbaum, porque ese huésped comienza a ser desalojado.
Las recientes detenciones de alto impacto —como la captura de Hernán “El Abuelo” Bermúdez, líder de La Barredora, detenido en Paraguay, y la caída de 14 personas implicadas en redes de huachicol fiscal, entre marinos, empresarios y funcionarios aduanales— representan más que noticias: son mensajes políticos contundentes. La impunidad no tiene refugio seguro en el Gobierno de la PresidentA Sheinbaum.
Ha sido clara: “No habrá impunidad” y su Sedretario de Seguridad, Omar García Harfuch, lo ha reiterado, con una frase que hasta hace algunos años representaba poco: “cero tolerancia a la corrupción”.
Las palabras de la Presidenta comienzan a golpear la muralla de la corrupción y han dejado de ser slogan de campaña: se acompañan de detenciones, procesos judiciales, aseguramiento de bienes y congelamiento de cuentas. La base económica que da fuerza a la impunidad.
Colima en el espejo nacional
En Colima también se sienten los ecos de esta nueva época. El exgobernador José Ignacio Peralta enfrenta un segundo proceso penal por desvío de recursos, junto a su exsecretario de Finanzas, Carlos Noriega García y Arnoldo Ochoa, su exsecretario de Gobierno. La justicia toca la puerta de quienes alguna vez parecían intocables.
Del otro lado, la exalcaldesa de Manzanillo, Griselda Martínez, junto con las regidoras Martha Zepeda y Sara Valdovinos, fueron vinculadas a proceso por peculado y uso ilícito de atribuciones, tras el escándalo del “bono de supervivencia” que se auto otorgaron e implicó más de 30 millones de pesos en afectaciones al erario.
Estos casos revelan que la justicia ya no se limita al discurso. En Colima, como en el país, los expedientes comienzan a avanzar, los imputados comparecen, los tribunales se convierten en escenario de lo que antes era teatro político.
El contraste con el pasado
Durante décadas, PRI y PAN gobernaron bajo un pacto de “valores entendidos”, cubierto bajo el velo del silencio. Los escándalos eran fuegos que se apagaban antes de arder. Las investigaciones quedaban archivadas y las denuncias, en el olvido.
La corrupción se maquillaba con tecnicismos, procesos mal llevados y se toleraba como parte del precio de gobernar. Mario Anguiano es prueba viviente.
Hoy, el contraste es evidente: se procesa a exgobernadores, se capturan a exsecretarios de Seguridad, se desmantelan redes criminales con complicidad institucional. Lo que antes se ocultaba bajo la alfombra del poder, ahora se exhibe bajo la luz del escrutinio público y se avanza en las audiencias judiciales. Aunque algunas se llamen víctimas.
El desenlace comienza a ser hasta poético: si la corrupción fue sombra que crecía en silencio, hoy la justicia abre las ventanas de los Palacios. Si los corruptos hablaban en susurros de pasillo, ahora los jueces les leen sus cargos en voz alta. Tampoco es la melodía de la victoria, pero sí un tambor que anuncia la aurora venidera. La poesía de esta hora es la del peso de la ley cayendo como campana revolucionaria.
Epílogo
El desafío es monumental: que las detenciones no se queden en espectáculo, que las condenas lleguen, que las instituciones resistan presiones y tentaciones. Pero si este camino se sostiene, la Presidenta Sheinbaum y la Gobernadora Indira no sólo se habrán diferenciado de los gobiernos del PRI y del PAN, sino que habrán escritor en la memoria colectiva la idea de que en México y Colima ya nadie está por encima de la justicia.







