El Oscuro Páramo | La tiranía del tiempo: Byung-Chul Han frente al mundo hiperconectado
Vivimos deprisa. Contestamos mensajes sin terminar de leerlos, compartimos opiniones antes de pensarlas y, cuando por fin callamos o estamos en calma para escuchar a «el otro», la ansiedad se apodera de nosotros, como si algo invisible nos empujara a producir, a hacer scroll, a estar “conectados”.
¿Qué estamos haciendo con nuestro tiempo? ¿Y qué están haciendo de nosotros, de nuestro tiempo, de nuestros sueños, el universo digital y las hiperestructuras de consumo? Estas son dos preguntas centrales en la obra del filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han, quien se ha convertido en uno de los pensadores más leídos y citados de los últimos años.
Desde La sociedad del cansancio hasta El aroma del tiempo, Byung-Chul Han diagnostica con crudeza los malestares invisibles del siglo XXI: la ansiedad permanente, la autoexplotación disfrazada de libertad, la desaparición del silencio, la distorsión del sentido y la pérdida del sentido de comunidad.
Contrario a lo sucedido en los Siglos XIX y XX, las formas de opresión no son políticas ni vienen del Estado. Se urden desde la moda, el establishment digital, el consumo y la estética que nos impone el momento, la tendencia, la red social que usemos para estar “conectados”. Nuestra actualidad digital es sutilmente avasalladora.
Las nuevas represiones
En el Siglo XXI, de sociedades líquidas, la represión ya no existe, desde la óptica de Byung-Chul Han vivimos bajo la presión (autoimpuesta) de producir, rendir, no descansar, demostrar, compartir, estar, resistir. La represión de uno mismo autonombrada «resiliencia».
En El aroma del tiempo, el autor surcoreano nos habla de una profunda pérdida: ya no sabemos habitar el tiempo. Desde su óptica, el presente ha dejado de ser un lugar de experiencia para convertirse en un punto de tránsito entre tareas.
Todo es ahora, todo es urgente, todo es fugaz, nada debe durar, nada es permanente, nada se debe reparar. Vivimos en lo que llama una “diacronía sin sentido”, un tiempo acelerado y fragmentado donde el descanso es culpa y la pausa, tiempo perdido.
A estas alturas ya deberíamos haber entendido que esta aceleración no produce “libertad” sino más angustia. El tiempo se exprime… no se vive, se gestiona. La lógica de la productividad ha devorado la lentitud, la contemplación, incluso el ocio, que alguna vez fue cuna de la creatividad y la filosofía, en otros tiempos menos líquidos y más revolucionarios.
El enjambre digital
En En el enjambre, Byung-Chul Han analiza cómo las redes sociales han sustituido el espacio público por un simulacro de comunidad. Antes, el “pueblo” era una fuerza política con dirección. Hoy, somos “enjambres” de usuarios aislados, que opinan al mismo tiempo pero no construyen nada en común. Nos une el ruido, no el sentido, ni la pertinencia. Justo lo que conviene a los poderosos.
Por eso, cuando decimos que en este ecosistema digital la transparencia se ha convertido en dogma es porque mostrarlo todo —emociones, cuerpo, rutina— parece la nueva forma de ser y de privilegiar al individuo para destruir las comunidades.
Todos estamos ocupados en “pertenecer” a una “tendencia” sin importar que desde este lado del espejo se invicibilice el problema del “otro”.
El pensador surcoreano lo advierte así: la transparencia no crea confianza, sino control. Cuanto más visibles somos, menos libres, porque anhelamos “vernos” como eso que nos mueve. Las redes no sólo nos vigilan: nos entrenan para vigilarnos entre nosotros. Nos han convertido en nuestros propios jefes, nuestros propios productos.
Descansar no es fracasar
Frente a este modelo de vida que premia la prisa y la visibilidad, Byung-Chul Han propone una resistencia pasiva: recuperar la lentitud, el secreto, el tiempo. No como nostalgia, sino como gesto político. Escribir sin publicar. Pasear sin instagramear la foto. Ir al gimnasio sin la foto en el espejo. Pensar sin chatgipitear. En tiempos donde todo se mide en likes y métricas, reivindicar el anonimato, el silencio y el descanso sin scroll puede parecer radical o tal vez el inicio de una revolución sin ruido hacia lo análogo.







