El Oscuro Páramo | Dos lecturas a una encuesta: ¿alerta interna para Morena en Colima?
La encuesta más reciente de Demoscopia Digital rumbo a la elección por la gubernatura de Colima en 2027 arrojó un dato que podría parecer anecdótico, pero que en una sobrelectura revela una tensión latente: Morena obtiene el mismo porcentaje de preferencia electoral (40.6%) tanto compitiendo en solitario, como en un escenario de coalición con el Partido del Trabajo y el Partido Verde.
A diferencia de la alianza PAN-PRI, que en una primera operación aritmética logran crecer de 24.5% (sumadas sus preferencias individuales) a 29.2% (en un escenario de coalición), Morena no recibe ningún impulso adicional si se presenta en una alianza con los Partidos coaligados en el último proceso electoral en Colima.
¿Se trata de un fenómeno metodológico-electoral o de uno ideológico? ¿Estamos ante un caso de “voto consolidado” o ante una advertencia de desgaste simbólico dentro de la 4T?
Morena como partido absorbente del voto del PT y Verde
Una lectura-interpretación inicial nos debería sugerir que Morena ya capta el voto potencial de sus aliados, es decir, que PT y PVEM no aportan nuevos segmentos electorales, sino que están contenidos simbólica y prácticamente dentro del voto por Morena.
Esta hipótesis se alinea con la teoría del votante partidarista de Angus Campbell en The American Voter, que señala cómo los votantes con una fuerte identificación partidista tienden a interpretar toda oferta electoral desde el filtro de su lealtad primaria.
Así, aunque en términos formales exista una coalición, el simpatizante de la 4T sigue leyendo la contienda como una decisión simple: «votar por Morena o no». Los aliados menores desaparecen simbólicamente del radar y conservan, un capital político que se lee, interpreta y concede espacios de servicios desde las esferas más altas del Poder.
La resistencia de los “morenistas de cepa”
Sin embargo, para mí hay una segunda lectura, más inquietante, que se anida en la identidad ideológica del obradorismo: la base fundacional de Morena no simpatiza con las alianzas.
No es novedad que muchos militantes de cepa, en los que podríamos encasillar a “los fundadores” perciben al Verde y al PT como partidos oportunistas, que se suman a los beneficios de la 4T sin haber formado parte de su historia ni de sus luchas. En esta segunda lectura de la encuesta, esta circunstancia podría estar inhibiendo el entusiasmo cuatroteísta cuando se presenta a la coalición de Morena-PT-Verde como una opción electoral.
En términos teóricos, esto se explica con claridad en la visión del “partido atrapalotodo” de Otto Kirchheimer (1966), quien advirtió que los partidos que tratan de ampliar su base mediante alianzas corren el riesgo de volverse inidentificables para sus votantes ideológicos, lo que a su vez provoca desafección o apatía.
Este fenómeno también encaja con la concepción de Anthony Downs en An Economic Theory of Democracy (1957), donde plantea que el votante ideológico se retrae cuando percibe que el partido al que se adhiere prioriza la victoria electoral sobre la coherencia ideológica.
“El votante que valora la coherencia ideológica podría sentirse alienado cuando los partidos se mueven estratégicamente hacia acuerdos que priorizan la victoria sobre los principios.”, advierte Downs.
¿Más votos, menos convicción?
Lo paradójico en la encuesta de Demoscopía Digital es que, en contraste, la coalición PAN-PRI sí crece al sumarse. Esto sugiere que sus votantes no castigan las alianzas, aunque sean ideológicamente contradictorias.
Probablemente esto se deba a que su identidad partidaria está más erosionada, o a que sus votantes tienen una lógica más transaccional y simplista que ideológica, como advierte Herbert Kitschelt (2000) al diferenciar entre vínculos programáticos y clientelares en los procesos de votación.
“Las coaliciones basadas en intereses de corto plazo carecen del poder simbólico para movilizar a los votantes ideológicos”, afirma Kitschelt.
Y justo este elemento también es favorable a Morena. Se ve complejo que esa Coalición pragmática crezca más, a reserva de que Movimiento Ciudadano sacrifique lo que hasta ahora le ha caracterizado y le ha permitido ubicarse como una opción electoral: no ir en coaliciones.
En el caso de Morena, que nació como un movimiento ético-político por la transformación de México encabezado por Andrés Manuel López Obrador y ahora por la Presidenta Claudia Sheinbaum, las alianzas mal justificadas han sido interpretadas como concesiones al pragmatismo, debilitando el vínculo moral con su base y el espíritu de su origen.
Si Morena quiere crecer en Coalición debe convencer a sus simpatizantes de que sus aliados no están ahí por una cuota o posición.
Lo que está en juego
La pregunta de fondo es si en Morena se seguirá apostando a una estrategia de maximización electoral sin fisuras internas visibles, o si se repiensa el alcance real de sus alianzas, de quienes las impulsan y presionan desde afuera, cuando está claro existe una fortaleza interna que se ha sostenido y ha venido creciendo aún en el desgaste que representa el ejercicio del poder popular.
El dato del 40.6% de la encuesta de Demoscopía Digital es una noticia aceptable para las y los morenistas; y también puede significar un techo de cristal a romper si el partido apunta a reorientar el entusiasmo, la identidad y la mística que lo hacen único como movimiento transformador y lleva a sus aliados a compartir, no sólo en discurso o espacios de servicio público, ese espíritu revolucionario y de cambio verdadero.
En medio del entusiasmo no habría que perder de vista que si el voto por la coalición no crece, no es porque no existan más votantes disponibles, sino quizás porque los votantes más fieles están enviando un mensaje claro: con ciertos aliados, no avanzamos.







