El Oscuro Páramo / ColiBecas y Becas Benito Juárez en Colima: Un recorrido pedagógico-social
Un marco de lectura: la diversidad estructural como punto de partida
Hace unos días les platicaba de mi padre y les decía que estaba seguro habría leído a Paulo Freire, a Lev Vygotsky o a Jean Piaget. Pedagogos y pensadores del S: XX que comprendieron como ningunos otros las diferencias estructurales, esas condiciones externas al proceso de enseñanza, que afectan los resultados de la educación.
Un paseo rápido por sus preceptos permite darnos cuenta que Vygotsky nos enseñó que el aprendizaje florece en ese sitio seguro donde se hace comunidad y se tiende la mano. Piaget demostró que no todos ascendemos los mismos peldaños en una escalera, al mismo ritmo; Gardner, que cada mente cultiva inteligencias distintas; Freire, que la realidad material condiciona la posibilidad de “liberar” la palabra.
Si asumimos estas miradas como principio, las ColiBecas son un dispositivo de “andamiaje estructural” que nivelan el terreno para que las diferencias individuales no se conviertan en desigualdades insalvables.
El Remate: donde se hizo la luz
Así, en la pedagogía de los días difíciles, no hace falta un pizarrón más blanco ni un maestro más sabio. Lo que falta es que un niño no abandone la escuela para vender empanadas, que una adolescente no deje de estudiar porque le toca cuidar a sus hermanos, que un maestro no desista al enseñar a quien llega sin desayunar y sin cuaderno.
Lev Vygotsky lo dijo sin adornos: hay una zona entre lo que el niño ya sabe y lo que podría llegar a saber si alguien le extiende la mano. La llamó Zona de Desarrollo Próximo. Ahí, en ese espacio frágil, donde la inteligencia florece si la pobreza no la asfixia, se juega el futuro de las infancias y juventudes y ahí es donde, en Colima, empiezan a operar las becas como políticas de justicia pedagógica.
Una luz para cruzar la barranca
La Beca Benito Juárez no enseña matemáticas, pero permite que el estudiante se quede lo suficiente para entenderlas. Una madre menos preocupada por los gastos escolares es una tutora más presente. Un alumno que ya no necesita trabajar para costear su prepa es un alumno que empieza a soñar.
La Beca Rita Cetina, diseñada para familias con más de un hijo en secundaria, rompe la brecha de las madres solas que nunca pedían ayuda. Es una política con nombre de maestra y alma de hermana mayor: entiende que la pobreza no es solo ingreso, es también agotamiento, renuncia y soledad. Alivia el camino de las niñas que cargan responsabilidades que no les tocan. Aligera el peso de la mochila llamada añoranza.
Las ColiBecas no son sólo mochilas, útiles y computadoras. Son escudos contra el estigma. En un aula pública, no tener lápiz es como no tener voz. No tener computadora es ir en desventaja. No tener para pagar el uniforme es como no poder cubrir los requisitos para tramitar la identidad.. Bajo esos preceptos y muros por romper, las ColiBecas devuelven el dinero público en algo más que materiales: dejan a la infancia en paz para ser infancia y a las familias con cierto desahogo para pensar en otros anhelos.
La pedagogía del andamio invisible
Las ideas de Vygotsky cruzan nuestras aulas como viento entre barrancas. Cuando el Estado acompaña, cuando la política pública pone el hombro, la zona de desarrollo se ensancha. Los maestros, esos verdaderos trabajadores del porvenir, lo saben. No hay plan de clase que funcione si el niño no durmió, si la niña no comió, si el cuaderno es prestado y el hogar, un infierno. Hay hogares donde la beca es respiro. Y donde hay respiro, puede haber aprendizaje.
Colima redujo su pobreza casi diez puntos desde 2018. Las cifras lo confirman, pero las aulas lo gritan con más verdad: hay más estudiantes, más permanencia, menos deserción escolar. No es magia ni suerte: es una política pública con sentido humano que nació del corazón de Indira Vizcaíno. Es entender que la igualdad de oportunidades se ve como una mochila entregada, como una computadora encendida, como un transferencia recibida en la tarjeta del Banco del Bienestar o de la ColiBeca para Empezar.
Las becas no borran las diferencias y está bien que no lo hagan. Cada niño es un mundo y cada mente un territorio distinto. Lo que hacen es evitar que esas diferencias se conviertan en condena. Lo que hacen es garantizar que nadie quede fuera por ser pobre, mujer, indígena o hijo del azar.
Y mientras algunos ven en estas becas y apoyos a la educación, una dádiva, hay quienes las entendemos como un derecho y un abrazo. Una muestra de ternura institucionalizada. Y eso, en este oscuro páramo, ya es una forma de luz.







