El Oscuro Páramo: “Y aquí entre nos…”
Dicen que en Colima, cuando no hay noticias, el chisme se vuelve agenda. No es que falten hechos importantes, no es que no haya #buenasnoticias o sucesos chidos que comentar… en el rumor de la tarde colimota el bullicio muchas veces se impone a la verdad. Aquí, donde el sol cae a plomo y la vida parece más tranquila que en otros rincones del país, el chismorreo tiene piernas largas, lengua suelta y ninguna intención de detenerse.
En nuestra Colima, en estos tiempos líquidos, el chisme no es inocente.
Atrás quedó esa tertulia de sobremesa con vecinas mirando a través de las cortinas o reunidas al filo de la banqueta angosta de la calle Aldama.
El chisme, la voz que arrulla la tragedia, es un animal voraz que se disfraza de “preocupación ciudadana” y se alimenta de dignidades ajenas.
El retrato de un suceso trágico este fin de semana nos dejó una triste lección: hay gente (periodistas, escritores, comentócratas y dueños de medios) a los que les importa poco si hay dolor, si hay víctimas, si se trata de una tragedia mientras puedan ganar vistas y reacciones.
Qué triste que sin tamiz, una foto o un video, se vuelva carnada.
Esta posmodernidad nos está enseñando que todo es utilizable si genera clics, si llena un espacio de silencio, si permite formar bandos aunque no haya cancha de por medio.
Hay chismes que destruyen familias, que hunden trayectorias, que desacreditan sin pruebas. Y lo más triste: hay quienes los celebran como si fueran triunfos de la inteligencia popular. “Algo habrá hecho”. “Seguro es cierto, mira cómo no lo desmiente”. “Donde hubo fuego, cenizas quedan”. “Sus papás se estaban divorciando”. “Llevaba semanas hundido en el alcohol”. “Por algo le pasó”… se escucha decir en todos lados.
Y mientras tanto, ahí quedan los daños y una comunidad que aplaude, ríe y comparte “contenidos” sin hacerse cargo.
En Colima, el chisme no reconoce sensibilidades. No le importa si lo que arrastra son hechos lamentables, si hay humanidades lastimadas, si existen contextos complejos detrás. La vociferación es un deporte sin reglas. Un periódico mural suelto en la esquina norte del Jardín Libertad.
La comentocracia de redes colimotas fraguó el domingó un linchamiento, incluso para quienes ya no tenían vida. Y para cuando llega la verdad, si es que llega, ya nadie escucha, ya pasó el tiempo, la “noticia” se nos fue de largo y el daño ya está hecho; mientras los culpables se esconden entre likes, comentarios y capturas de pantalla que pasan entre grupos de whatsapp.
Aquí, el bullicio manda. Y el silencio, el del que se guarda para no ser el siguiente, se vuelve cómplice. Quizá por eso, tantas veces, Colima parece más un pueblo con internet gratuito que un estado con memoria y corazón.







