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Estación Esperanza: Redistribución de la riqueza, eje para la construcción de una nueva América Latina

Por Vladimir Parra Barragán

Hace unos días, el compañero presidente Andrés Manuel López Obrador anunció en el pueblo de Guelatao, Oaxaca, que la pensión universal de los adultos mayores se entregará a partir de los 65 años y que ésta se incrementará gradualmente hasta llegar al doble al inicio de 2024. El plan, dijo, iniciará desde julio del presente año con un incremento del 15 por ciento; en enero de 2022, 2023 y 2024 el aumento será de 20 por ciento anual más inflación, hasta llegar a 6 mil pesos bimestrales.

El aumento en el monto de las pensiones representa un incremento presupuestal de 135 mil millones de pesos a 240 mil en 2022; a 300 mil millones en 2023; y a 370 mil millones de pesos en 2024.

Pero no se trata de una acción aislada, la reforma al sistema de pensiones hará que pasemos de sistema neoliberal a uno de economía moral, ya que esta reforma busca que el trabajador promedio aumente su pensión en un 40%, y que gradualmente quienes ya están cerca de retirarse puedan hacerlo con menos semanas laboradas.

En la mañanera del 24 de marzo del presente año el presidente Lucho, antaño refugiado en nuestra patria, lo dejo claro: un país que tiene recursos naturales es un país que tiene potencial de generación de excedente económico. Ahí radica la importancia de la apropiación por parte del Estado de los excedentes económicos y de la redistribución en la población.

Si el modelo neoliberal genera concentración de ingresos en pocas manos; la economía del bienestar del gobierno de México pretende que el Estado se ocupe de disminuir las desigualdades sociales, para sacar adelante a nuestro país y los latinoamericanos todos, tengan mejores condiciones de vida y de trabajo.

Así Bolivia administra los excedentes económicos del gas, de la electricidad, de la minería y lo redistribuye entre la población con políticas distributivas llamadas “bonos”, que son trasferencias condicionadas que el Estado hace a la población.

Bolivia es ejemplo de lucha y de dignidad latinoamericana, y sobre todo de un buen manejo económico justo y exitoso, con una nueva forma de entender la economía mediante el modelo económico social comunitario productivo. Lo dijo Lucho en la mañanera: “Todos en Bolivia tienen una pensión, una pensión que sale, una jubilación que sale de los recursos naturales, que parte de esos recursos naturales se redistribuyen en toda la población, hayan aportado o no hayan aportado a la seguridad social. Por lo tanto, los que tiene seguridad social se benefician doblemente, pero aquellos, fundamentalmente en el área rural, nuestros hermanos campesinos que trabajan en el campo, los trabajadores gremiales, que nosotros les llamamos así a la gente que vende en los mercados y que no tienen empleo, no tiene ingreso fijo, cuando termina su vida útil no tienen ninguna pensión. Esta es la pensión que nosotros tenemos.”

Así como el compañero presidente ha señalado la importancia de los principios de nuestro movimiento: “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo” como legado de la gran reserva de valores de nuestros pueblos indígenas; así los aymaras y quechuas tienen también como principios el “Ama Sua (No seas ladrón), Ama Llulla (No seas mentiroso), y Ama Quella (No seas flojo)”. Por eso México y Bolivia son pueblos hermanos que hoy luchan por la transformación de los pueblos y de la América toda.

¡Jallalla, jilata! Hermanos latinoamericanos…



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