Opinión

El Palacio de Gobierno y su color guinda

Colima está atravesando por una de sus peores crisis políticas y los comentócratas y analistas políticos más avezados, y afines al régimen del Prian, han optado por no hablar del desastre políticos y volver su vista hacia el color con que se está pintando el Palacio de Gobierno, y en ello, se les va la vida, o mejor dicho, su odio.

Las clases medias colimenses, a falta de ideas políticas y líderes políticos que les aporten explicaciones del desastre político-financiero por el que atraviesa el gobierno del estado, han decidido volcar toda su ira,  odio y frustración en los colores con que se está pintando el Palacio de Gobierno. Al ver los días dorados de gobiernos burgueses irse por la ventana, optan por el insulto como una forma de hacer política y se refugian en un tema, que en otro contexto podría haber sido un debate estético. Como lo fue con el edificio de la vieja central camionera que nadie pelaba, pero cuando lo pintó Locho todo mundo volteó a verlo.

Son un reflejo de la marcada tendencia fascista que el PAN y sus aliados han abrigado a falta de programa propio y potencialmente creador de consensos. Los colimenses burgueses y clasemedieros, bastante ideologizados por cierto, y portadores del conservadurismo religioso más prístino y reaccionario de la Guerra Cristera (1926-1929) ven, con una prematura melancolía, como el último de los gobiernos encabezado por un miembro de la generación de los niños caguengues se derrumba. Sí, se precipita  como un montón de piedras, a toda velocidad, cuesta abajo  hasta sumarse al caudal del río Colima que conducirá sus reliquias al océano Pacifico.

El Palacio de Gobierno inició su construcción en febrero de 1887 y se terminó en marzo de 1906, tiempos cuando el color guinda era un color asequible de la región.

El joven arqueólogo Francisco Javier Avalos en un comentario en el feis con sencillez, ética y claridad meridiana explica las razones del color guinda: “Esa decisión sobre pintar al Palacio con sus colores originales no es un tema político, es una técnica de restauración bastante aceptada y apreciada en el ámbito de la restauración que se aplica en todo el mundo, cosa que se tiene que aclarar. A mí me paree una buena decisión por parte de los especialista, así se puede apreciar más este bien histórico, ya que, nos remonta al pasado de lo que alguna vez fue uno de los edificios políticos más importantes del estado.

Malamente se politizó, los restauradores no tienen la culpa y se les tiene que reconocer su trabajo, porque lejos de si te gusta o no el color, han hecho una buena restauración y conservación.”

La mediocridad de los político colimense y sus ideólogos, han hecho del tema del color de Palacio un motivo más para vomitar odio, rencor y melancolía prematura. Y, a parte, presumen su desprecio por la historia, la cultura y la estética.

Sus odios los están conduciendo a abrazar programas e ideologías fascistas porque no quieren superar sus derrotas políticas.

No nos extrañe que en cualquier momento los fifís colimenses intenten una guerra santa con fuertes dosis de fascismo.

Lo cierto es que su odio los pone verdes de coraje y nadie les reprocha sus colores corporales.

El vacío de poder político no tiene color y nadie lo ve, ni dimensiona su tamaño, eso es una muestra clara de la decadente sociedad política con la que cuenta Colima. El vacío de poder es el verdadero problema que nadie quiere ver, pero alto será su costo.

Los partidos políticos callados como momias. Los partidos políticos ausentes listos para el abordaje del botín del gobierno que viene. Esa es su esencia.

El Congreso ya pasó a ser una vacilada y lo que está más allá. No existe el  Congreso. Su única señal de existencia son los recibos del cobro puntual de sus quincenas.

 



Media Lab

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