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De provocador a timorato: el destino lo alcanzó

Por Federico López Ramírez

Silverio Cavazos, ex gobernador de Colima, y Aristóteles Sandoval, ex gobernador de Jalisco, por un lado, están muertos; los Duarte, en la cárcel, y Roberto Sandoval Castañeda, ex gobernador de Nayarit y prófugo de la justicia, por otro. Son los destinos que imagina Enrique Alfaro Ramírez en su futuro mediato.

Silverio Cavazos y Aristóteles Sandoval, están muertos, producto de atentados perpetrados por el crimen organizado, al cual, muy probablemente, estos ex gobernadores pertenecían. Los Duarte y Sandoval, dos en la cárcel y uno más en fuga, pero con órdenes de aprehensión giradas en su contra, son los destinos que Enrique Alfaro parece vislumbrar y poco a poco ve alejarse la silla presidencial que en algún momento pensó que tenía a tiro de piedra.

Circula, en las redes sociales,  un video gravado por el propio Enrique Alfaro en que  se dirige a miembros de la Fiscalía General de Jalisco donde observo lo siguiente: veo un Enrique Alfaro lleno de temor, por dos razones capitales, que él mismo señala: primeramente, culpa a los gobiernos panistas y priistas, que lo antecedieron, de haber establecido vínculos con  los cárteles de la droga y como consecuencia de ello un gobierno local seriamente penetrado por el crimen organizado que necesita urgentemente la ayuda del gobierno federal. Estas dos circunstancias fueron descubiertas, supuestamente, por este individuo a raíz del asesinato de Aristóteles Sandoval en Puerto Vallarta, Jalisco.

Es claro que esto él ya lo sabía –no lo acaba de descubrir- y  lo verdaderamente relevante es su miedo que muestra a flor de piel y evidencia su fragilidad y sus limitantes que la realidad hizo explotar en su cara a raíz del atentado contra Aristóteles Sandoval.

Él se siente amenazado, ve amenazado al gobierno de Jalisco y siente que el Estado mexicano está también amenazado por los criminales.

Alfaro Ramírez estuvo jugando a la política y la realidad lo puso en su lugar al exhibirlo en su fragilidad plena. Se presentó al principio como un vulgar provocador y está terminando como un grosero timorato.

Estuvo jugando a la política con un conjunto de gobernadores, que no está demás decir, que son sus estados los más amenazados por el crimen organizado, y ahora, con la pandemia son los más endeudados por la irresponsabilidad y el abuso de estos goberladrones como los han bautizado los navegantes de las redes sociales.

La muerte o la cárcel parece ser el destino mediato  de Enrique Alfaro y los demás goberladrones como Peralta Sánchez de Colima, Francisco García Cabeza de Vaca de Tamaulipas, Francisco Domínguez de Querétaro, por señalar algunos.

Es interesante ver como este goberladrón, apenas se sintió abiertamente amenazado, no dudó en acusar a los ex gobernadores priistas y panistas que lo antecedieron, traicionando con ello su alianza con los demás goberladrones de dichos partidos. Demostrando, además,  con su frágil lealtad que no son sus amigos sino que su alianza es meramente una asociación para enfrentar a los ciudadanos que reclamamos justicia, equidad económica y mejoras sociales. Traicionar parece ser su salida fácil para el salvarse sin pensar en sus cómplices. No tiene amigos, tiene intereses. Con esta postura, de facto, es un rompimiento con el Prian. Y una manifestación explícita de su incapacidad para lidiar con el serio problema de inseguridad que su estado y el de los demás gobernadores tienen. Mientras tanto ellos juegan a la política y a derrochar recursos.

Afortunadamente, con la llegada de la vacuna, la pandemia va de salida. Estamos entrando en el principio del fin y los goberladrones demostraron que fueron una carga adicional a la pandemia y el gobierno federal la resolvió a pesar de ellos.

Si la gente elige en los próximos comicios candidatos honestos, es decir, candidatos que no sean del PRI ni del PAN ni del PRD ni ex priistas ni ex panistas que se quieran colar por la vía de Morena, estos goberladrones, enfrentarán su destino que será como lo avisa este último acontecimiento, el asesinato de Aristóteles Sandoval, inexorablemente, será la cárcel o la muerte.

 

 

 

 

 



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